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Análisis de Remnant: From the Ashes para PS4

Dark Souls se ha ganado por méritos propios que su nombre aparezca grabado en letras de oro en la industria, hasta el punto, de crear su propia escuela con el ya reconocido género “Souls” (o “Soulsborne” si añadimos Bloodborne a la ecuación). Su éxito, arrollador, rotundo e indiscutible, ha llevado a muchas desarrolladoras a trabajar en títulos que adoptasen con más o menos tino las mecánicas propias de la franquicia de FromSoftware, intentando así dar vida a títulos que apostaban su éxito a una carta, atraer a los fans de las obras de Hidetaka Miyazaki.

Por este sendero han pasado varios títulos, algunos simplemente decidieron copiarle los deberes al listo de la clase, dejando un producto mediocre que intentaba ser poco menos que un calco que difícilmente invitaba siquiera a jugarse. Otros, con más atino, consiguieron meritoriamente añadir novedades suficientes para crear así un híbrido que valiese la pena, ganándose así el respeto de los jugadores. Son varios los nombres que se vienen a mi mente: Nioh, The Surge, Ashen, Lords of the Fallen, Salt and Sanctuary, Death’s Gambit oImmortal: Unchained, entre otros.

¿Por qué os estoy hablando de esto? Bueno, no creo realmente que sea necesaria excusa alguna para hablar de lo maravilloso que es Dark Souls, pero, en cualquier caso, hay una explicación a todo esto. Hoy os hablaré de Remnant: From the Ashes, título que mezcla el shooter y la acción, que le debemos a la colaboración de Gunfire Games y Perfect World Entertainment. Este juego, al igual que otros tantos, bebe de las profundas y oscuras aguas de la saga de FromSoftware, de hecho, ha sido muy recurrente el referirse a esto como una especie de “Dark Souls con armas de fuego”. No soy muy partidario de las comparativas, y sí, soy de sobra consciente de que se ha abusado al comparar casi cualquier juego con Dark Souls de forma absurda, pero en este caso concreto, es necesario hacerlo.

El mundo de Remnant: From the Ashes es desolador. Nuestro protagonista, se embarca en una travesía marítima por alcanzar una misteriosa y oscura torre, pero el mar bravío consigue descargar su furia y terminamos naufragando. Estas tierras, otrora habitadas por el ser humano, no son más que una sombra de lo que fueron, cenizas y oscuridad donde monstruos campan a sus anchas. Estos seres malignos llamados Vástagos, han invadido el planeta y empujado a la raza humana casi a su extinción, obligando a los escasos supervivientes a vivir escondidos y acorralados como ratas en un subterráneo.

En nuestro afán por ayudar a un pobre desdichado que está siendo acosado por estas bestias, terminaremos exhaustos en la Base 13. ¿Nuestra misión? Hacer uso de las piedras dimensionales para investigar diferentes mundos en pos de dar con la criatura invasora original, y, si es posible, devolver a la humanidad aquello que le pertenecía.

La historia es simple, el arquetipo del elegido, habitual de la franquicia Souls y otros tantas obras. Igual que en los juegos de Miyazaki, el lore, no viene dado de forma directa, al menos, no en su totalidad. Hay secretos ocultos que nos ayudarán a comprender un poco más en profundidad este mundo y sus gentes, así como lo que está ocurriendo. Desde conversaciones hasta diarios sueltos, hay que rebuscar ahí fuera si deseamos saber más, todo depende única y exclusivamente de nuestra curiosidad como jugador.

El sistema de creación de personajes es bastante parco en cuanto a posibilidades. Las variantes se cuentan entre la elección de sexo, ocho tipos de cabezas predeterminadas, estilo de pelo (y pelo facial en caso de los varones), color de pelo, ojos, piel y poco más. Unas opciones extra más para evitar que todos sean tan similares hubiese sido algo digno de aplaudir, no obstante, reconozco que este problemilla no me supone molestia alguna, ya que realmente, al equiparnos la cara y el cuerpo de nuestra creación no permanece.

Tras un pequeño tutorial, toca elegir la clase que deseamos para nuestro querido suicida. Las tres clases a elegir son: Cazador (larga distancia) Ex-Seguidor de secta (media distancia) y Chatarrero (corta distancia). Puede ser que, en un principio, no tengáis demasiado claro si deseáis ir como locos con una escopeta exponiéndoos en la cercanía, o si os agrada más la idea de disponer de un rifle y algo de distancia entre vosotros y el enemigo. En cualquier caso, no os preocupéis, puesto que esto solamente afecta a que os den un set inicial u otro, pero podéis adquirir tanto armas como equipamientos de los otros. Igualmente, es posible que, dependiendo de cada circunstancia, prefiráis hacer uso de un tipo de arma u otra, igual que suele pasarme a mí.

Nuestro armamento se compone de dos armas de fuego (una principal y otra secundaria) y un arma física. Asimismo, el equipamiento está conformado por tres piezas: cabeza, torso y piernas. Finalmente, hay espacio para equipar hasta dos anillos y un amuleto.

Remnant: From the Ashes nos invita a hacer un uso inteligente de nuestra munición (por la cuenta que nos trae). Si usamos la cabeza y disparamos a puntos débiles, esquivamos con cierta soltura y hacemos uso del arma cuerpo a cuerpo cuando sea innecesario gastar balas, conseguiremos ahorrar algunas balas. Generalmente, los enemigos dropean munición al morir, pero os puedo asegurar que en alguna que otra ocasión es posible que os quedéis con los cargadores vacíos, y eso os dejaría bastante vendidos, por lo que intentad no gastar más de la cuenta, sobre todo en dificultades superiores.

Es posible que, al igual que un servidor, penséis que al existir armas de fuego de por medio, es menos probable terminar viendo la pantalla de muerte que en Dark Souls, donde los combates son mucho más físicos, obligándote a estar más cerca de los adversarios, con la consecuencia inmediata de que recibir golpes es más normal. Craso error, los enemigos no son estúpidos y muchos optarán por hacer uso de ataques a distancia, mientras que otros, por su parte, correrán con virulencia hacia nosotros, consiguiendo así que tengamos que poner atención a varios puntos a la vez.

Tanto las armas como el personaje pueden ser mejorados. En el primer caso, gracias a los objetos que dejan caer los jefes y que nos sirven para forjar modificadores de armas, que al equiparse permiten desatar algunas habilidades realmente beneficiosas (invocar ayudantes, lanzar ráfagas dañinas, etc.). En cuanto a nuestro protagonista, no hay un sistema de niveles per se, pero están los Rasgos, que al acumular experiencia permiten subir puntos que se traducen en más vida o aguante, más posibilidades de crítico o mayor velocidad de recarga, entre otras (actualmente dispongo de 22 distintas y el nivel máximo que pueden alcanzar es el 20, no obstante, es posible que aún me quede alguna que otra por descubrir).

Quizás, llegados a este punto no veáis tantas similitudes entre este título y los Souls, pero dejad que empiece a enumerar unas cuantas mecánicas y detalles que igual os resultan familiares. Aquí, hay un objeto curativo importante (corazón de dragón), que se recarga al descansar o morir y puede aumentarse el número de cargas siempre que tengamos los ítems necesarios (¿alguien dijo frascos de estus?). Asimismo, los puntos de guardado (piedras rojas, formando muchas de ellas estructuras similares a pequeñas hogueras) restauran la salud al coste de resucitar a los enemigos, además de permitir los viajes rápidos entre estas. Por supuesto, y como ya os habréis imaginado, al caer en combate volveremos al último punto de guardado.

Curiosamente, antes de enfrentarnos a un jefe, siempre nos espera un denso muro de niebla que hay que atravesar. Otra cosa muy particular de Dark Souls, era su habilidad para conectar diferentes zonas mediante sistemas de atajos, algo que también está presente en el caso de Remnant: From the Ashes.

Por otro lado, la Base 13 hace las veces de hub, igual que el Santuario de Enlace de Fuego en Dark Souls, Majula en Dark Souls II o el Santuario de Enlace en Dark Souls III. Aquí se concentran la gran mayoría de NPCs útiles del juego, desde los vendedores de armas, equipamientos y mejoras, hasta los objetos básicos de curación de salud y estado, pasando por la posibilidad de mejorar el corazón de dragón o comprar materiales varios. Además, es donde apareceremos al retomar nuestra partida.

La moneda básica en este decadente mundo no son las almas (que os veo venir), sino la chatarra. Puede que os preguntéis (de forma muy acertada) si al morir perdemos la chatarra que llevemos con nosotros… Pues no, podríamos decir que el título de Gunfire Games y Perfect World Entertainment no nos castiga al morir (más allá de la jodienda que pueda suponer regresar al último punto de control con el consiguiente enfrentamiento de los enemigos que estarán de regreso).

Aunque Remnant: From the Ashes permite disfrutar de la campaña en solitario (modo sin conexión), se puede jugar con amigos o con intervención de jugadores al azar. En este juego, no vais a toparos con señales de gente esperando ser invocada, nosotros tenemos la posibilidad de incorporarnos a la campaña de un jugador o que otros se unan a la nuestra (hasta un máximo de cuatro personas en total). Esto se puede modificar libremente desde el menú principal sin que afecte a vuestra partida.

Dicho esto, puede ser que algunos sintáis la tentación de jugar acompañados para que vuestra desventura sea mucho más sencilla. Amigos, aunque en algunas cosas este juego sea similar a Dark Souls, en este punto concreto no es así. Nada cambia si invocamos a algunos aguerridos compañeros para que nos ayuden a liquidar al boss de turno o limpiar X zona en cualquier Dark Souls o Bloodborne, nada cambia, los enemigos no se incrementan ni se vuelven más poderosos; pero aquí, la cosa cambia, ya que la dificultad se ajusta en base a si jugamos en solitario o junto a más personas. Así pues, los adversarios serán mayores en número y en fuerza, inclusive, afecta al desarrollo de batallas contra jefes, puesto que además de lo dicho, pueden llevar a cabo acciones que jugando en solitario no llevarían a cabo.

Como no podía ser de otra forma en un juego que se inspira en la conocida saga de FromSoftware, los jefes finales son uno de los principales atractivos del título (probablemente el más llamativo). Los hay de todos los tamaños y colores, generalmente, los combates se suelen desarrollar en zonas medianamente amplias que permiten moverse con cierta soltura (nada que ver con el escenario donde te enfrentas al Demonio de Aries en Dark Souls)

Una gran cantidad de ellos, suelen disponer de la ayuda de enemigos menores que, junto a los ataques del propio boss, se encargan de hacer que los combates sean verdaderos desafíos que ponen a prueba la templanza del jugador. También se ha de tener en cuenta que suelen tener dos fases diferentes (el cambio suele llegar a la mitad de la vida o puede que incluso antes), por lo que no os confiéis y estad preparados para cualquier cosa.

Una vez derrotado el jefe de turno, soltará entre otras cosas un material para crear armas o modificadores de armas, ambas extremadamente útiles. Además, os contaré un pequeño secreto, y es que, muchos de los jefes tienen algún objetivo oculto que puede haceros ganar más de un premio (similar a cortarle la cola a las Gárgolas Campana en Dark Souls para obtener el arma).

Aunque actualmente desconozco la cantidad exacta de jefes finales de los que se compone el título, puedo asegurar dos cosas: son más de veinte y no vais a toparos con todos en vuestra primera partida. Pasarse el primer modo campaña puede llevar entre 14-15 horas, y cuando eso ocurra, probablemente hayáis disfrutado del 50% del juego a lo sumo. Remnant: From the Ashes invita a la rejugabilidad, primero, por ver todo aquello que hayas podido saltarte en tu primera vuelta y ver jefes que no has podido conocer (se generan de forma aleatoria), segundo, para hacer acopio de armas, equipo o modificadores que hayas dejado por el camino (bien por no toparte con el jefe necesario, o simplemente por despiste).

Conclusiones

Sin lugar a dudas podemos afirmar que Remnant: From the Ashes es un Souls-Like más accesible al público general y algo menos frustrante.  No es tan complejo en sus niveles y combates como otros juegos del género, pero sí es un título largo, divertido y satisfactorio que os va a dar horas y horas de diversión pura y dura. Su modo cooperativo lo hace ideal para echar el rato con amigos, pero jugar en solitario nos da una experiencia más «pura».

Si eres jugador habitual del género encontrarás aquí cosas nuevas bastante interesantes, como el combate a distancia. Si por otro lado eres nuevo, tendrás un juego con el que iniciarte para luego pasar a la saga Souls.

Valoración: 85 (MUY BUENO)