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Análisis. Crash Bandicoot 4: It’s About Time para PS4

Crash Bandicoot fue una de las principales figuras de la primera consola de Sony y uno de los grandes plataformas de finales de siglo XX. Su dinámica de escenarios y el desafío de sus contenidos lograron consolidarlo como una franquicia de peso y uno de los primeras manifestaciones de la calidad que tenía Naughty Dog como desarrolladora.

Después de tres entregas numeradas y su spin-off de kartings, Crash Team Racing, Naughty Dog abandonó la franquicia que pasó a manos de Activision, y durante más de 10 años salieron una serie de títulos completamente olvidables, que sumaban aristas a una saga mientras se olvidaba del principal encanto que hizo atractivo a Crash: su estructura de niveles y el componente plataformero siempre a la orden del día.

En 2017, Activision junto a Vicarious Visions remasterizaron las primeras 3 entregas en Crash Bandicoot: N-Sane Trilogy, un título que nos hizo recordar por qué amamos tanto la saga pero que al mismo tiempo reflejó los problemas de optimización que presentaba esta entrega, enfocados principalmente en la respuesta de los controles y la caja de colisiones de las plataformas y, justamente, los pies de Crash y Coco. Parece algo menor, pero en un juego en el que los saltos y la precisión son fundamentales, un error de cálculo nos cuesta una vida.

Ahora, de la mano de Toys For Bob, aterriza Crash Bandicoot 4: It’s About Time, que no solo es una nueva aventura de este hiperactivo marsupial, sino que es la mejor entrega de toda su franquicia.

Crash Bandicoot 4: It’s About Time es una continuación directa de Crash Bandicoot 3: Warped. Después de ser derrotado una vez más a manos de su propia creación, el Dr. Neo Cortex se encuentra exiliado junto a N. Tropy y la máscara Uka Uka en un limbo de otro mundo. Tras varias décadas intentando escapar, la relación entre los 2 villanos está completamente desgastada, pero los une un mismo propósito: dominar el mundo y en el camino erradicar al marsupial extrovertido de una vez por todas.

Finalmente logran escapar, pero en el proceso abren una brecha espacio-temporal generando un choque de diferentes mundos y épocas. Crash deberá volver a embarcarse en una aventura para detener una vez más a Cortex y evitar un cataclismo, pero en esta nueva entrega estará más acompañado que nunca. Además de Coco y Aku AkuCrash conocerá 4 nuevas mascaras. que son el verdadero game changer del juego. Lani-Loli, Kupuna-Wa, Akano e Ika-Ika son los particulares nombres de estos personajes y cada una de ellas cuenta con una habilidad que altera el tiempo/espacio.

Estas máscaras cuánticas se irán incorporando al juego progresivamente, la jugabilidad lineal de los niveles. Ralentizar el tiempo, alterar la física de los objetos, modificar la gravedad o conseguir una mayor potencia del clásico torbellino son las características de estos simpáticos personajes, que se unen en esta aventura a Crash para evitar una destrucción de la línea temporal.

Pero eso no es todo, si bien podemos jugar toda la aventura tanto con Crash como Coco, al dúo de marsupiales también se le sumarán 3 personajes secundarios que tendrán sus propios niveles a lo largo del juego, y que tienen implicancia tanto en la historia como en el recorrido de los protagonistas a través del tiempo. No todos son niveles per se, sino que algunos solo se tratan de zonas expandidas de misiones ya jugadas para dar una mayor diversidad a la rejugabilidad de los escenarios.

Los personajes jugables son TawnaDingodile y el propio Cortex (del cual no hablaré mucho más para meterme en terreno de spoilers). Cada uno de ellos tiene su propio esquema de controles y habilidades. Por ejemplo, Tawna puede pegar patadas y cuenta con un gancho/grappling hook al mejor estilo Sekiro para acceder a cajas inalcanzables y avanzar por el escenario. El vehemente Dingodile, enojado porque destruyeron su bar, está armado con un cañón-aspiradora gigante, que puede absorber todas las cajas y usar este mismo item para propulsar sus saltos. Cortex, por su parte, está armado con una pistola solidificadora de enemigos y un propulsor para moverse a través de mayores distancias.

Una de las cosas más enriquecedoras y que más me gustaron del lore de esta aventura es cómo se burla sin tapujos sobre el corte abrupto en la saga. Crash 4 borra de un plumazo todos los títulos que salieron post Crash Team Racing, incluso burlándose de forma indirecta de esta decisión.

En líneas generales, Crash Bandicoot 4: It’s About Time mantiene la estructura básica de la trilogía original. Niveles que se transitan de forma lineal, ya se avanzando hacia adelante, con scroll en 2d y también regresan algunas secuencias de persecuciones hacia atrás. Habrá zonas de bonus, algunos secretos aquí y allá pero los que ya jugaron los primeros Crash se sentirán como en casa, pero en una casa completamente refaccionada y eso es lo que pretende Toys For Bob.

Hay cambios, evoluciones, modificaciones, pero el espíritu de Crash respira en cada rincón. Ya no tendremos que recolectar los emblemáticos cristales rosas. En su lugar, cada nivel contará con 6 cristales plateados, que requieren diversos objetivos para obtenerlos. 3 de ellos se consiguen agarrando una determinada cantidad de wumpa fruit, para conseguir otra necesitaremos la ya clásica obtención de todas las cajas del nivel; hay una quinta oculta en el escenario y para obtener la sexta nos pide que perdamos menos de 3 veces en cada nivel. Esta es la primera capa de rejugabilidad que ostenta el juego, porque si bien los primeros 2 o 3 niveles son como un tutuorial escondido para familiarizarnos con sus mecánicas, la curva de dificultad progresa de forma escalonada, para llegar a un tramo final bastante exigente.

Si bien Crash 4 tiene su vara de dificultad elevada, también es flexible y bondadoso en caso de que no podamos avanzar una sección y el frustrometro empiece a prender las alarmas. Desde un aku-aku cuando respawneamos o más cajas de checkpoint dentro de un nivel, la aventura se acomoda también para nuestra vereda. De yapa, el juego nos ofrece la posibilidad de aventurarnos en 2 modos diferentes: el moderno, que nos da vidas ilimitadas y volveremos siempre en el último punto de control, o su vertiente clásica, en la que tendremos que ir juntando vidas y evitar que el contador llegue a cero.

Las reliquias de time trial vuelven a decir presente, pero además hay otras sorpresas. Cuando completamos un nivel, se habilita su versión espejo que también tiene una diferencia cromática. Para estos escenarios también tendremos que obtener las 6 gemas plateadas con los mismos requisitos que ya mencioné.

Otra de las novedades son las flashback tapes, una serie de desafíos completamente opcionales, con un grado de dificultad elevadísima, en el que la precisión para obtener todas las cajas es elemental para llegar hasta el final del escenarios. Son niveles pequeños, contenidos, como un camino de principio a fin plagado de tnt y nitro, donde pondremos a prueba la mayor de nuestras destrezas. No son los escenarios más inspirados ni tampoco terminan de volarnos la cabeza, pero suma otro agregado para completar todos las aristas que plantea el juego.

Otras de las novedades que visualizaremos en esta entrega es la posibilidad de personalizar a Crash y Coco con diferentes skins, que iremos desbloqueando a medida que cumplimos ciertos requisitos, como obtener determinados cristales en un nivel, o derrotando a algún boss.

Su pulida jugabilidad es unos de los puntos más álgidos de Crash Bandicoot 4: It’s About Time. Los movimientos son precisos, la respuesta de los controles es intuitiva y minimiza los errores involuntarios del juego. Las físicas de las cajas y las plataformas son calcaldas al diseño que vemos en pantalla, algo que agradezco con mucho ahínco después de padecer algunas secciones en N-Sane Trilogy. Donde más sentí problemas es en los escenarios que jugamos arriba de Polar como en Crash 2, los desplazamientos se sienten pocos fluídos y algunos elementos no concordaban con la respuesta de las físicas.

El apartado audiovisual es espectacular. Con la base estética característica de toda la franquicia, Crash Bandicoot 4: It’s About Time apuesta por mantener su iconografía y sus diseños principales, pero lo potencia con unos escenarios llenos de vida y estallidos cromáticos. Si hay algo que le tengo que criticar al diseño de los niveles es su irregularidad. Tenemos escenarios que son una verdadera locura, lleno de elementos, vida y completamente orgánicos.

En definitiva, Crash Bandicoot 4: It’s About Time llega en el final de la actual generación de consolas para coronarse como el mejor plataformero de 2020 y al mismo tiempo convertirse en el mejor juego de toda la saga. Lejos de experimentar con propuestas ajenas a su adn, Toys for Bob nos mete de lleno en el corazón de la franquicia y suma nuevas cartas para complementar la aventura.

NOTA: 9.0 (EXCELENTE)